En la selva del otro

En la selva del otro. Cerré los ojos y me vi, de liana en liana hacia delante, pero la sensación había cambiado, estaba en casa, en MI CASA.


Siempre me identifiqué con el movimiento, con la lucha, con salir del hoyo, con la fuerza, con el inconformismo, con se puede mejor. Y ,sin embargo, qué curiosa era entonces mi sensación de haber estado detrás, paradójicamente agazapada en la maleza.

Entonces entendí que había estado luchando en la selva de otr@s. Abriendo paso a quien yo identificaba como desvalido. Siempre creyendo en la “buena intención” de esto (algo lícita cuando existe desconocimiento en lo que haces), pero al mismo tiempo, obligándoles a atravesar el camino a mi ritmo, a mi manera, a mi señal.


WRONG WAY


Cuando vi que este movimiento y esta fuerza no casaban con esa sensación de segundo plano, entendí que no eran mis realidades, ni mis heridas por las que me estaba desgañitando. Eran totalmente ajenas, y mi propensión a la acción por ellas, una tapadera. Las destrezas en el salto y la asunción del riesgo no estaban integradas de verdad. Por supuesto que no, porque lo que se ponía en juego no era mío. Qué fácil.



Hoy no sabría decir a partir de qué liana terminaron sus países y empezó el mío, pero sí identifico que ya estoy en mi selva, con mi vegetación, con mis plantas venenosas, desconocidas, carnívoras, pero también con unas flores despampanantes tropicales que te mueres de bonitas.

Ahora me zarandeo en las lianas de mi casa, en busca de ese (MI) primer plano, con el juego y la libertad merecidas, pero también con la responsabilidad que eso supone.

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